ACADEMICUS
UN PUENTE ENTRE EL MUNDO ACADÉMICO Y UNIVERSITARIO Y LA SOCIEDAD.
viernes, 12 de noviembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
La Biblioteca de Magris
Artículos publicados en diversos medios integran Alfabeto , que lanzará Anagrama en los próximos días; el capítulo que reproducimos aquí fue escrito especialmente por Claudio Magris, a manera de prólogo de su nuevo libro

Foto Sebastián Dufour
Por Claudio Magris
Para los griegos, el mundo estaba rodeado y limitado por un río, Océano; para mí, el río que circunda la Tierra es el Ganges, con cuyo anchuroso fluir comienzan Los misterios de la jungla negra de Salgari, el primer libro que leí y, por tanto, destinado a quedar para siempre en cierto sentido como el Libro , el encuentro con la palabra que contiene y a la vez inventa la realidad. Para ser sincero, comencé a leer la segunda parte, cuando Tremal Naik, obligado a seguir a los Thugs con el fin de liberar a su querida Ada, finge ponerse del lado de los ingleses con el nombre de Saranguy. Acababa de cumplir seis años y empezaba a leer; poco a poco, mi tía Maria me había leído la primera parte, cuando yo aún no sabía descifrar el alfabeto.
Así pues, aprendí a leer con Salgari y, además, las hazañas de Kammamuri y del tigre Dharma quedaron ligadas a la voz que me las contaba, arrastrado por la historia e indiferente al autor, más aún, ajeno en aquel tiempo a qué era un autor o a que una historia lo necesitara, convencido de que las historias se narraban solas y de que los hombres, escritores o no, no tenían más trabajo que repetirlas y transmitirlas. Desde entonces, en cierta manera, siempre he pensado que la literatura, en su esencia, es un relato oral y anónimo; que sería mejor si los autores no existieran o si, al menos, no se identificaran, si estuvieran siempre muertos, como le dijo una vez una niña de Grado a Biagio Marin, u obligados al incógnito y a la clandestinidad.
De la fantasía adolescente e improbable de Salgari aprendí el amor por la realidad, el sentido de la unidad de la vida y la familiaridad con los distintos pueblos, culturas, usos y costumbres, diversos pero vividos como diferentes manifestaciones de lo universal-humano, aprendí también que los escritores muestran el mundo más allá de sus convicciones, porque de Salgari no recibí el ardor guerrero, que tan querido lo hizo en el ventenio fascista, sino un sentido de fraterna igualdad de todos los pueblos de la Tierra, así como más tarde Kipling haría que, además del misterio y de la épica, amara más los elefantes y los templos hinduistas que la corona de la reina Victoria.
Tal vez Salgari, con sus hipérboles, que ya entonces nos hacían sonreír, y sus zafiros grandes como avellanas, nos enseñara a mis amigos y a mí que se puede sonreír y reír de lo que se ama, pero sin la burla altanera que destruye el amor, sino con esa risueña y afectuosa participación que lo intensifica. Como Karl May, su equivalente alemán, revelaba a Ernst Bloch, Salgari nos mostraba que la aventura del espíritu es el viaje del individuo que parte, encuentra lo diferente, al extranjero, y se convierte en sí mismo en este encuentro que le hace el mundo más familiar. Por este camino seguirían muchas otras lecturas, Dumas, London, Stevenson.
Pronto hubo muchos libros junto a Salgari, verdaderos "libros de lectura" cuyo catálogo es mi carnet de identidad. Los libros de perros de mi padre, apasionado cinólogo, que yo leía y resumía; una enciclopedia -creo que era la Labor- de la que copiaba, no sé por qué, la lista de los tratados de paz firmados entre Francia y España a lo largo de varios siglos, árida y fascinante secuencia de puros nombres: tratado de Oviedo, de Pamplona, de Perpiñán... Creo que en aquel copiar se reveló mi pasión compilatoria, el deseo de ordenar y clasificar la realidad que más tarde me impulsaría a estudiar a los Musil y los Svevo, esa gran literatura que trata de catalogar la vida y muestra cómo ésta escapa a las redes de cualquier clasificación y hace relampaguear su sentido anárquico e insondable ante quien pretende reducirla al orden.
Algunos años más tarde, pasaba horas en la trastienda de una librería de Trieste cuyo propietario no se quitaba la boina de la cabeza, rebuscando entre los libros publicados incluso cuarenta o cincuenta años atrás, en especial textos de aquella "Biblioteca dei popoli" que en 1911 había entusiasmado [al escritor triestino Scipio] Slataper: el Mahabharata y el Ramayana sánscritos, el Kalevala finlandés, la Edda, el Cantar de los nibelungos, las sagas noruegas, los grandes poemas épicos que narran la creación del mundo, la lucha entre el bien y el mal y los valores de una civilización... Herder, el gran ilustrado amigo y rival de Goethe y a menudo tan calumniado, me enseñaba a ver en la literatura, sobre todo en las grandes epopeyas nacionales, la historiografía de la humanidad, en la que cada nación, como cada hoja en un árbol, constituye un momento significativo.
Comenzaba a entender que, para escuchar las voces de aquel espíritu sobre las aguas, era necesaria la más rigurosa y exacta filología, de la que encontraba -en las traducciones, en las notas, en los comentarios- ejemplos gloriosos. Había mucho de aficionado en aquellas lecturas hechas sin conocer el texto original, pero había conciencia de esa condición de aficionado que es la premisa para distinguir la ciencia de su divulgación honesta y de su vulgarización falseadora. Desde entonces aprendí a leer la Crítica de la razón pura o un resumen escolar bien hecho que no pretende sustituir a Kant, y a no leer esos presuntuosos volúmenes que -más complicados que Kant y menos rigurosos que un resumen claro- ilusionan al lector con la esperanza de aprender algo esencial recogido en cien páginas, evitando la fatiga y olvidando la humildad de quien sabe que sabe poco.
Aquellos textos me daban el sentido de la historia y del valor que la trasciende, sumergiéndose y existiendo en ella, superando el tiempo pero viviendo en el tiempo, como el Verbo que se hace carne. Tendría que hablar, llegado este punto, de los libros que han dejado una marca absoluta, que se han convertido en el propio modo de sentir el mundo y la relación entre la vida y la verdad, que a veces se corresponden como las dos caras de una moneda y a veces parecen contraponerse: la Ilíada y la Odisea -el libro de libros, en el que ya está todo, las sirenas pero también esos personajes de Svevo que eluden indirectamente su ineptitud para escucharlas y afrontar su canto-, los trágicos griegos, Shakespeare, que desvela el fondo extremo, los discursos de Buda y las parábolas de Zhuangzi; sobre todos, el Antiguo y el Nuevo Testamento, tras los cuales ya no se teme a ningún príncipe de este mundo y se comprende que la piedra más vil, esa despreciada por los constructores, es la verdadera piedra regia.
Pero libros como éstos no pueden sólo nombrarse; más aún, sólo proferir su nombre parece ya una falta de discreción. Casi puede decirse lo mismo de los poetas, poetas que he leído mucho y sobre los que jamás he escrito; de Lucrecio y de Leopardi, de Dante y de ese Dante moderno que es Baudelaire con sus círculos del mal que recorre abandonándose a la vida y, al mismo tiempo, instaurando un juicio sobre la vida; de las líricas griegas y chinas, de algún Lied de Goethe o de Eichendorff, de algunas ásperas baladas de Brecht o de algunas epifanías de gracia de Saba, de un spiritual o de un blues. Ha habido una entonación fundamental que he recibido de los grandes escritores épicos, sobre todo de Tolstói, mucho de Tolstói, y también de Melville, Guimarães Rosa, Faulkner, Sabato, Nievo, para los que la existencia, aun con sus laceraciones, tiene un sentido, una unidad.
Pero otros, también amados -Ibsen y Kafka en primer lugar-, me han revelado lo contrario, la insuficiencia o la irrealidad de la vida, la dificultad y la innaturalidad o la imposibilidad de vivir, la odisea del individuo que no vuelve a casa sino que se pierde y se disgrega, experimentando la insensatez del mundo y la intolerabilidad de la existencia.
Ulises se convertía en el de Pascoli, que ya no encontraba su odisea. Y así, a Pierre Bezuchov, grande, fuerte y bueno, se contraponían el hombre del subsuelo de Dostoievski o el héroe de Kafka transformado en insecto inmundo, los personajes de la negación absoluta, el escribiente Bartleby de Melville, que sólo puede decir que no, o el Wakefield de Hawthorne, que experimenta el vacío y la indiferencia de todo; y otras voces, todavía más desesperadas y rechazadas, que hablan del dolor, del desgarro y la apatía, de un sufrimiento tan profundo y monstruoso que se muestra sin remedio ni liberación, no redimido por una síntesis o visión superior.
Quizá por esto me ocupé después de esos grandes escritores que vivieron intensamente el malestar de la existencia y del hacerse, casi con culpable y autolesiva expiación, cómplices torvos y aberrantes como Louis-Ferdinand Céline o Knut Hamsun.
En la literatura existen muchas habitaciones y no se necesita elegir ideológicamente entre voces contrastantes; se puede -se debe- creer a la vez en la fe de Tolstói y en la inercia de Oblómov; los grandísimos escritores son aquellos cuya perspectiva abarca trescientos sesenta grados. A veces me pregunto de qué lado estoy, si mi historia es la contada por Guerra y paz, por la Metamorfosis de Kafka o por el Auto de fe de Canetti. Tal vez mi odisea literaria es la que cuenta mi viaje a la nada y el regreso; tal vez por eso los escritores que más me han enseñado son los que dan voz imparcial a las más diversas cuerdas y a las más antitéticas pasiones, a la fe y a la nada, como Singer, sin el que yo sería diferente de lo que soy.
Ésa es la razón, sin duda, de que haya leído y amado tanto a los grandes cómicos y humoristas, a Dickens y a Goldoni y, por encima de todos, a Cervantes y a Sterne, cuya risa, cuya sonrisa y cuya ironía nacen del desencanto y de la conciencia de la tragedia y llegan, a través y gracias a la desilusión, a la fraternidad y al amor. Dostoievski decía con razón que el Quijote bastaría para justificar a la humanidad. También el furor y la feroz sátira de Gadda -el escritor italiano del siglo XX que más me ha interesado, después de Svevo- permiten amar la humildad y el esfuerzo de vivir.
Desencanto y desilusión no niegan, sino que filtran como un tamiz las mentiras gelatinosas, la retórica sentimental, la papilla del corazón con la que tan complacientemente se engañan los otros y se engaña uno a sí mismo: quizá éste sea un signo común a los libros que, desenmascarando el vacío sobre el que apoya la realidad y los oropeles con los que se quiere velarlo, ayudan a mirar sin miedo en ese vacío y también a darse cuenta del amor que existe pese a aquella vorágine.
Libros así han sido para mí El hombre sin atributos de Musil y Las amistades peligrosas de Laclos y sobre todo La educación sentimental de Flaubert, ese libro sobre la insignificancia que es también el fluir de la vida. Y La conciencia de Zeno de Svevo, odisea moderna por excelencia, irónico, huidizo e insondable confrontación con la nada.
Debería hablar también de los ensayos que, como los del joven Lukács, me explicaban la totalidad fragmentada del mundo; el de Michelstaedter, que muestra el nihilismo de una vida que anula el presente perdiéndose en la actividad incesante y lanzándose enloquecidamente al futuro; o de los de Max Weber, que enseñan la lucidez moral de distinguir entre lo que se puede demostrar y lo que se puede mostrar, entre lo que es objeto de ciencia y lo que es objeto de fe.
Tal vez si todos hubiesen leído y asimilado las páginas de Weber sobre ciencia, política y profesión, se habrían cometido menos prevaricaciones, con aterradora y torpe buena fe, sin ser conscientes de ello.
Pero tendría que hablar no sólo de libros, sino también de fragmentos, inscripciones fúnebres o pintadas de taberna, de jirones de escritura que, como decía Kafka, me han golpeado como un puñetazo. Un personaje de Borges que pinta paisajes se da cuenta al final de que ha pintado su propio rostro y así le sucede a quien habla de libros. Pero el todo, ya se sabe, no es la suma de las partes y el retrato completo, también en este caso, es inferior con mucho a los rasgos particulares.
Otro gran hallazgo ha sido la autobiografía de Alce Negro, el indio sioux. Es una autobiografía escrita por alguien que vive realmente arraigado en la totalidad de la vida, que mira la vida desde lo alto de una colina, que piensa -y dice- que vivir es amar todas las cosas verdes. Pero en este libro el narrador habla también de un personaje, Caballo Loco, el famoso indio asesinado por los soldados americanos después de haberse rendido, que se pasea durante la noche en el campamento indio y se comprende que es un hombre inquieto, un hombre fuera de su sitio, ajeno al sentido armonioso de la vida de Alce Negro.
No sé si Alce Negro, aunque lo retrata admirablemente, era capaz de entender a Caballo Loco o si Caballo Loco podía comprender fácilmente a Alce Negro. Creo que quizá fuera más probable que Caballo Loco, el Hamlet caído por error entre los pieles rojas, como Saúl en el Antiguo Testamento, podía comprender a Alce Negro, su hermano de tribu y su autor-creador más que al revés. Pero no lo sé con certeza.
Una vez en China, una estudiante de la Universidad de Xi´an me preguntó qué se pierde escribiendo. Ardua pregunta kafkiana. ¿Y leyendo? Una vez Borges dijo que dejaba a los demás la gloria de los libros que había escrito y que su gloria, en cambio, eran los libros que había leído.
Traducción: Pilar González Rodríguez
adn Magris
Trieste, 1939
• Es hijo de un empleado y una maestra primaria. Se graduó en Letras en 1962, en la Universidad de Turín.
• Es profesor de literatura germánica, su especialidad. Su primer libro, publicado en 1963, trata sobre ese tema: El mito de los Habsburgo en la literatura austríaca moderna.
• Estuvo casado con la escritora Marisa Madieri, de quien enviudó en 1996. Fue senador de 1994 a 1996.
• En sus textos suele combinar magistralmente lo ensayístico con lo narrativo.
• Sus principales obras son: El Danubio (1986), Otro mar (1991) Microcosmos (1997) y A ciegas (2005).
• En 1997 obtuvo el premio Strega, el máximo galardón de la letras italianas.
Viernes 15 de octubre de 2010 | Publicado en edición impresa de LA NACION en ADN

Foto Sebastián Dufour
Por Claudio Magris
Para los griegos, el mundo estaba rodeado y limitado por un río, Océano; para mí, el río que circunda la Tierra es el Ganges, con cuyo anchuroso fluir comienzan Los misterios de la jungla negra de Salgari, el primer libro que leí y, por tanto, destinado a quedar para siempre en cierto sentido como el Libro , el encuentro con la palabra que contiene y a la vez inventa la realidad. Para ser sincero, comencé a leer la segunda parte, cuando Tremal Naik, obligado a seguir a los Thugs con el fin de liberar a su querida Ada, finge ponerse del lado de los ingleses con el nombre de Saranguy. Acababa de cumplir seis años y empezaba a leer; poco a poco, mi tía Maria me había leído la primera parte, cuando yo aún no sabía descifrar el alfabeto.
Así pues, aprendí a leer con Salgari y, además, las hazañas de Kammamuri y del tigre Dharma quedaron ligadas a la voz que me las contaba, arrastrado por la historia e indiferente al autor, más aún, ajeno en aquel tiempo a qué era un autor o a que una historia lo necesitara, convencido de que las historias se narraban solas y de que los hombres, escritores o no, no tenían más trabajo que repetirlas y transmitirlas. Desde entonces, en cierta manera, siempre he pensado que la literatura, en su esencia, es un relato oral y anónimo; que sería mejor si los autores no existieran o si, al menos, no se identificaran, si estuvieran siempre muertos, como le dijo una vez una niña de Grado a Biagio Marin, u obligados al incógnito y a la clandestinidad.
De la fantasía adolescente e improbable de Salgari aprendí el amor por la realidad, el sentido de la unidad de la vida y la familiaridad con los distintos pueblos, culturas, usos y costumbres, diversos pero vividos como diferentes manifestaciones de lo universal-humano, aprendí también que los escritores muestran el mundo más allá de sus convicciones, porque de Salgari no recibí el ardor guerrero, que tan querido lo hizo en el ventenio fascista, sino un sentido de fraterna igualdad de todos los pueblos de la Tierra, así como más tarde Kipling haría que, además del misterio y de la épica, amara más los elefantes y los templos hinduistas que la corona de la reina Victoria.
Tal vez Salgari, con sus hipérboles, que ya entonces nos hacían sonreír, y sus zafiros grandes como avellanas, nos enseñara a mis amigos y a mí que se puede sonreír y reír de lo que se ama, pero sin la burla altanera que destruye el amor, sino con esa risueña y afectuosa participación que lo intensifica. Como Karl May, su equivalente alemán, revelaba a Ernst Bloch, Salgari nos mostraba que la aventura del espíritu es el viaje del individuo que parte, encuentra lo diferente, al extranjero, y se convierte en sí mismo en este encuentro que le hace el mundo más familiar. Por este camino seguirían muchas otras lecturas, Dumas, London, Stevenson.
Pronto hubo muchos libros junto a Salgari, verdaderos "libros de lectura" cuyo catálogo es mi carnet de identidad. Los libros de perros de mi padre, apasionado cinólogo, que yo leía y resumía; una enciclopedia -creo que era la Labor- de la que copiaba, no sé por qué, la lista de los tratados de paz firmados entre Francia y España a lo largo de varios siglos, árida y fascinante secuencia de puros nombres: tratado de Oviedo, de Pamplona, de Perpiñán... Creo que en aquel copiar se reveló mi pasión compilatoria, el deseo de ordenar y clasificar la realidad que más tarde me impulsaría a estudiar a los Musil y los Svevo, esa gran literatura que trata de catalogar la vida y muestra cómo ésta escapa a las redes de cualquier clasificación y hace relampaguear su sentido anárquico e insondable ante quien pretende reducirla al orden.
Algunos años más tarde, pasaba horas en la trastienda de una librería de Trieste cuyo propietario no se quitaba la boina de la cabeza, rebuscando entre los libros publicados incluso cuarenta o cincuenta años atrás, en especial textos de aquella "Biblioteca dei popoli" que en 1911 había entusiasmado [al escritor triestino Scipio] Slataper: el Mahabharata y el Ramayana sánscritos, el Kalevala finlandés, la Edda, el Cantar de los nibelungos, las sagas noruegas, los grandes poemas épicos que narran la creación del mundo, la lucha entre el bien y el mal y los valores de una civilización... Herder, el gran ilustrado amigo y rival de Goethe y a menudo tan calumniado, me enseñaba a ver en la literatura, sobre todo en las grandes epopeyas nacionales, la historiografía de la humanidad, en la que cada nación, como cada hoja en un árbol, constituye un momento significativo.
Comenzaba a entender que, para escuchar las voces de aquel espíritu sobre las aguas, era necesaria la más rigurosa y exacta filología, de la que encontraba -en las traducciones, en las notas, en los comentarios- ejemplos gloriosos. Había mucho de aficionado en aquellas lecturas hechas sin conocer el texto original, pero había conciencia de esa condición de aficionado que es la premisa para distinguir la ciencia de su divulgación honesta y de su vulgarización falseadora. Desde entonces aprendí a leer la Crítica de la razón pura o un resumen escolar bien hecho que no pretende sustituir a Kant, y a no leer esos presuntuosos volúmenes que -más complicados que Kant y menos rigurosos que un resumen claro- ilusionan al lector con la esperanza de aprender algo esencial recogido en cien páginas, evitando la fatiga y olvidando la humildad de quien sabe que sabe poco.
Aquellos textos me daban el sentido de la historia y del valor que la trasciende, sumergiéndose y existiendo en ella, superando el tiempo pero viviendo en el tiempo, como el Verbo que se hace carne. Tendría que hablar, llegado este punto, de los libros que han dejado una marca absoluta, que se han convertido en el propio modo de sentir el mundo y la relación entre la vida y la verdad, que a veces se corresponden como las dos caras de una moneda y a veces parecen contraponerse: la Ilíada y la Odisea -el libro de libros, en el que ya está todo, las sirenas pero también esos personajes de Svevo que eluden indirectamente su ineptitud para escucharlas y afrontar su canto-, los trágicos griegos, Shakespeare, que desvela el fondo extremo, los discursos de Buda y las parábolas de Zhuangzi; sobre todos, el Antiguo y el Nuevo Testamento, tras los cuales ya no se teme a ningún príncipe de este mundo y se comprende que la piedra más vil, esa despreciada por los constructores, es la verdadera piedra regia.
Pero libros como éstos no pueden sólo nombrarse; más aún, sólo proferir su nombre parece ya una falta de discreción. Casi puede decirse lo mismo de los poetas, poetas que he leído mucho y sobre los que jamás he escrito; de Lucrecio y de Leopardi, de Dante y de ese Dante moderno que es Baudelaire con sus círculos del mal que recorre abandonándose a la vida y, al mismo tiempo, instaurando un juicio sobre la vida; de las líricas griegas y chinas, de algún Lied de Goethe o de Eichendorff, de algunas ásperas baladas de Brecht o de algunas epifanías de gracia de Saba, de un spiritual o de un blues. Ha habido una entonación fundamental que he recibido de los grandes escritores épicos, sobre todo de Tolstói, mucho de Tolstói, y también de Melville, Guimarães Rosa, Faulkner, Sabato, Nievo, para los que la existencia, aun con sus laceraciones, tiene un sentido, una unidad.
Pero otros, también amados -Ibsen y Kafka en primer lugar-, me han revelado lo contrario, la insuficiencia o la irrealidad de la vida, la dificultad y la innaturalidad o la imposibilidad de vivir, la odisea del individuo que no vuelve a casa sino que se pierde y se disgrega, experimentando la insensatez del mundo y la intolerabilidad de la existencia.
Ulises se convertía en el de Pascoli, que ya no encontraba su odisea. Y así, a Pierre Bezuchov, grande, fuerte y bueno, se contraponían el hombre del subsuelo de Dostoievski o el héroe de Kafka transformado en insecto inmundo, los personajes de la negación absoluta, el escribiente Bartleby de Melville, que sólo puede decir que no, o el Wakefield de Hawthorne, que experimenta el vacío y la indiferencia de todo; y otras voces, todavía más desesperadas y rechazadas, que hablan del dolor, del desgarro y la apatía, de un sufrimiento tan profundo y monstruoso que se muestra sin remedio ni liberación, no redimido por una síntesis o visión superior.
Quizá por esto me ocupé después de esos grandes escritores que vivieron intensamente el malestar de la existencia y del hacerse, casi con culpable y autolesiva expiación, cómplices torvos y aberrantes como Louis-Ferdinand Céline o Knut Hamsun.
En la literatura existen muchas habitaciones y no se necesita elegir ideológicamente entre voces contrastantes; se puede -se debe- creer a la vez en la fe de Tolstói y en la inercia de Oblómov; los grandísimos escritores son aquellos cuya perspectiva abarca trescientos sesenta grados. A veces me pregunto de qué lado estoy, si mi historia es la contada por Guerra y paz, por la Metamorfosis de Kafka o por el Auto de fe de Canetti. Tal vez mi odisea literaria es la que cuenta mi viaje a la nada y el regreso; tal vez por eso los escritores que más me han enseñado son los que dan voz imparcial a las más diversas cuerdas y a las más antitéticas pasiones, a la fe y a la nada, como Singer, sin el que yo sería diferente de lo que soy.
Ésa es la razón, sin duda, de que haya leído y amado tanto a los grandes cómicos y humoristas, a Dickens y a Goldoni y, por encima de todos, a Cervantes y a Sterne, cuya risa, cuya sonrisa y cuya ironía nacen del desencanto y de la conciencia de la tragedia y llegan, a través y gracias a la desilusión, a la fraternidad y al amor. Dostoievski decía con razón que el Quijote bastaría para justificar a la humanidad. También el furor y la feroz sátira de Gadda -el escritor italiano del siglo XX que más me ha interesado, después de Svevo- permiten amar la humildad y el esfuerzo de vivir.
Desencanto y desilusión no niegan, sino que filtran como un tamiz las mentiras gelatinosas, la retórica sentimental, la papilla del corazón con la que tan complacientemente se engañan los otros y se engaña uno a sí mismo: quizá éste sea un signo común a los libros que, desenmascarando el vacío sobre el que apoya la realidad y los oropeles con los que se quiere velarlo, ayudan a mirar sin miedo en ese vacío y también a darse cuenta del amor que existe pese a aquella vorágine.
Libros así han sido para mí El hombre sin atributos de Musil y Las amistades peligrosas de Laclos y sobre todo La educación sentimental de Flaubert, ese libro sobre la insignificancia que es también el fluir de la vida. Y La conciencia de Zeno de Svevo, odisea moderna por excelencia, irónico, huidizo e insondable confrontación con la nada.
Debería hablar también de los ensayos que, como los del joven Lukács, me explicaban la totalidad fragmentada del mundo; el de Michelstaedter, que muestra el nihilismo de una vida que anula el presente perdiéndose en la actividad incesante y lanzándose enloquecidamente al futuro; o de los de Max Weber, que enseñan la lucidez moral de distinguir entre lo que se puede demostrar y lo que se puede mostrar, entre lo que es objeto de ciencia y lo que es objeto de fe.
Tal vez si todos hubiesen leído y asimilado las páginas de Weber sobre ciencia, política y profesión, se habrían cometido menos prevaricaciones, con aterradora y torpe buena fe, sin ser conscientes de ello.
Pero tendría que hablar no sólo de libros, sino también de fragmentos, inscripciones fúnebres o pintadas de taberna, de jirones de escritura que, como decía Kafka, me han golpeado como un puñetazo. Un personaje de Borges que pinta paisajes se da cuenta al final de que ha pintado su propio rostro y así le sucede a quien habla de libros. Pero el todo, ya se sabe, no es la suma de las partes y el retrato completo, también en este caso, es inferior con mucho a los rasgos particulares.
Otro gran hallazgo ha sido la autobiografía de Alce Negro, el indio sioux. Es una autobiografía escrita por alguien que vive realmente arraigado en la totalidad de la vida, que mira la vida desde lo alto de una colina, que piensa -y dice- que vivir es amar todas las cosas verdes. Pero en este libro el narrador habla también de un personaje, Caballo Loco, el famoso indio asesinado por los soldados americanos después de haberse rendido, que se pasea durante la noche en el campamento indio y se comprende que es un hombre inquieto, un hombre fuera de su sitio, ajeno al sentido armonioso de la vida de Alce Negro.
No sé si Alce Negro, aunque lo retrata admirablemente, era capaz de entender a Caballo Loco o si Caballo Loco podía comprender fácilmente a Alce Negro. Creo que quizá fuera más probable que Caballo Loco, el Hamlet caído por error entre los pieles rojas, como Saúl en el Antiguo Testamento, podía comprender a Alce Negro, su hermano de tribu y su autor-creador más que al revés. Pero no lo sé con certeza.
Una vez en China, una estudiante de la Universidad de Xi´an me preguntó qué se pierde escribiendo. Ardua pregunta kafkiana. ¿Y leyendo? Una vez Borges dijo que dejaba a los demás la gloria de los libros que había escrito y que su gloria, en cambio, eran los libros que había leído.
Traducción: Pilar González Rodríguez
adn Magris
Trieste, 1939
• Es hijo de un empleado y una maestra primaria. Se graduó en Letras en 1962, en la Universidad de Turín.
• Es profesor de literatura germánica, su especialidad. Su primer libro, publicado en 1963, trata sobre ese tema: El mito de los Habsburgo en la literatura austríaca moderna.
• Estuvo casado con la escritora Marisa Madieri, de quien enviudó en 1996. Fue senador de 1994 a 1996.
• En sus textos suele combinar magistralmente lo ensayístico con lo narrativo.
• Sus principales obras son: El Danubio (1986), Otro mar (1991) Microcosmos (1997) y A ciegas (2005).
• En 1997 obtuvo el premio Strega, el máximo galardón de la letras italianas.
Viernes 15 de octubre de 2010 | Publicado en edición impresa de LA NACION en ADN
BOICOT DEL SECTOR GREMIAL A LA FUNCION DE LA ORQUESTA FILARMONICA

Comunicado de Prensa
Se ruega su difusión
El Teatro Colón se ve obligado a suspender la función de esta noche, 4 de noviembre de 2010, (Concierto Nro 15 de la Temporada 2010, de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires con la participación de la violonchelista Sol Gabetta), debido al boicot efectuado por un sector de la parte gremial.
En próximos días, comunicaremos la oportunidad de reprogramar la fecha de este concierto.
Teatro Colón
Como lo hago habitualmente me dirigí con tiempo sl Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires. Me aprestaba con mucha ilusión a escuchar a Sol Gabetta una violonchelista excepcional.
Este comunicado lo recibí a las 18:55 cuando después de una jornada agotadora me aprestaba a disfrutar y luego hacer la crítica.
A las 20:40 lleguè a la puerta del Teatro y vi cara de "desconcierto". Un señor comentaba estamos en la Argentina quién nos va a dar explicaciones, otro tenìa la preocupación de como iba a recuperar su plata: "compré mi entrada con tarjeta on line". Y yo volví a mi casa con la peor de las indignaciones la del silencio que me hace tanto mal que afecta mis nervios y se hace sentir en mi corazón.
Me hubiera gustado enfrentar a los boicoteadores haberles dicho lo que pensaba pero no pude no los encontré porque seguramente se esconden tras la sombra.
Cada vez que voy a Colòn tengo la horrible sensaciòn que va a ser la ùltima y me voy después de cada función con una mezcla de alegría y de nostalgia. No me equivoco. Conozco a los resentidos, a los atrazadores, a los que nos llevaron a este estado de postración.
Ese grupo de gremialistas de vagos, de burócratas, de resentidos estàn doloridos porque se està intentando poner al Teatro Colòn en el lugar donde nunca debiò descender. Se quejan de los sueldos, de las condiciones de trabajo son unos sin verguenzas, indignos de cumplir cualquier función en el teatro.
El Director del Teatro y las autoridades "municipales" no pueden dejarse doblar el brazo una vez màs.
Los otros dìas un ingenuo lector del diario La Naciòn se preguntaba como explicar a su hija de ocho años que se habìa suspendido las funciones del Corsario con la actuaciòn protàgonica de nuestra querida y admirada bailarina Paloma Herrera.
A nuestros hijos hay que habrles con la verdad. Decirles que vivimos mal por la responsabilidad exclusiva de los boicoteadores profesionales, de los piqueteros profesionales de los hombres y mujeres mal educados que no aprendieron a respetar al otro y que solo hacen valer su prepotencia y vuelvo a repetir la triste palabra su abyecto resentimiento.
lunes, 1 de noviembre de 2010
LA MUERTE DEL ENEMIGO II

30 / 10 / 2010
Investigacion
80 razones que demuestran que Kirchner nunca fue progresista
CUANDO LA MIRADA SE VUELVE MIOPE
La República Argentina se transformó en una Nación donde es mucho más importante lo que se dice que lo que se hace.
Por estas horas, nuestro país contradice de forma manifiesta el “Res non verba” (“hechos, no palabras”) de Catón el Viejo, un senador romano del siglo II a.C; contraría también a Aristóteles y a Santo Tomás, quienes tomaban a los hechos como el punto de partida del conocimiento y se opone al pensamiento del propio General Juan Domingo Perón con su ya célebre slogan “mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar”.
Las lecturas que se hacen en torno a la muerte de Néstor Kirchner se basan en lo que el ex presidente dijo a lo largo de sus diarias peroratas desde el "atril asesino", pero no tienen ni el más mínimo grado de rigor con lo que este controvertido actor de la vida política nacional hizo en realidad.
En su velatorio, se lo pintaba como una suerte de Ernesto Che Guevara que murió en medio de una guerra contra los poderosos. Un mártir que dejó su vida peleando contra las corporaciones.
¿Fue Kirchner un hombre de izquierda? A mí me quedan, por lo menos ochenta dudas.
¿Puede un político progresista hacer todo esto?
1) Hizo desaparecer del erario público santacruceño centenares de millones de dólares provenientes de fondos de regalías petroleras irremplazables, lo que significaba una casa de 60 metros cuadrados para cada familia de la provincia de Buenos Aires.
2) Dejó que durante su mandato presidencial y el de su esposa se esfumaran 150 mil millones de dólares (la deuda externa argentina) en reservas de gas y petróleo, según afirman las propias multinacionales y los empresarios amigos del matrimonio. Nunca permitió que se le colocaran caudalímetros a los oleoductos, por lo que las compañías se llevaban el crudo con una mera declaración jurada.
3) Le dio en Santa Cruz 14 áreas petroleras licitadas a sus compinches de negocios: siete a Lázaro Báez y siete a Cristóbal López.
4) Dejó que las mineras con extracciones a cielo abierto contaminaran los cursos de agua y, a cambio, no le dejaran al Estado casi un peso, ya que compensaban las retenciones del tres o cuatro por ciento por desgravaciones provenientes a desembarcos por puertos argentinos.
5) Nunca materializó la famosa reforma financiera que gravaría la timba de la bolsa de comercio. Se le cobra 21% de impuesto de IVA a los productos de la canasta familiar y retenciones al campo que significa una exacción pero jamás se tocó la renta de los bancos, que son el sector, por lejos, que más dinero ha ganado en los años del modelo K.
6) Jamás se implementó otros de los sueños del impresentable Carlos Heller, el Banco Nacional de Desarrollo para ayudar al empresariado nacional. Otra de las tantas mentiras de campaña.
7) En un país que tuvo los mejores términos de intercambio en 200 años de historia argentina, según Econométrica de Mario Brodherson (superando la posguerra irigoyenista, la posguerra peronista y la Argentina del 73-74-75, luego de la guerra del Yom Kipur), los actuales índices de pobreza superan el 30 por ciento largamente, de acuerdo a Idesa, la Iglesia católica, Ecolatina, la CTA del diputado Claudio Lozano e Idera.
8) Hizo alianzas de sangre con los sindicalistas de la derecha más retrógrada y troglodita que pueda existir en el país. Un grupo de recalcitrantes "buenos muchachos" que se hicieron millonarios gracias a todo tipo de negocios, aunque se tratara de medicamentos adulterados o troqueles truchos.
9) Se quedó con tierras fiscales en El calafate y luego se las vendió, sin mejoras, al grupo Cencosud en dos millones de dólares, gracias a la generosidad del intendente K Néstor Méndez, quien también fue generoso con todo el universo de alcahuetes del FPV, mientras 3000 vecinos pobres esperaban su pequeña parcela en forma infructuosa.
10) Compró con total desparpajo dos millones de dólares antes de un movimiento brusco de la moneda norteamericana contando con información reservada y privilegiada. Así, se quedó con el Hotel Alto Calafate, donde hoy Aerolíneas Argentinas obliga a su tripulación a quedarse cada noche.
11) Sólo invirtió dinero en actividades rentísticas, para luego cobrar alquileres o intereses de plazos fijos. Casualmente, quienes le daban tasas extravangantes en forma anual (que ningún mortal tiene en la Argentina) eran entidades crediticias del grupo Eskenazi, a quién le dió privatizado y sin deudas el Banco de Santa Cruz y a quién impulsó a sangre y fuego para que se quedara con el manejo de Repsol Argentina sin poner casi un peso, en una operación que no reconoce muchos antecedentes en materia económica mundial.
12) Como si todo esto fuera poco, hizo que Juan Carlos Relats, dueño del hotel Panamericano y beneficiario de obra pública y corredores de rutas, le pague cien mil dólares mensuales por el hotel Los Sauces, que también construyó frente al lago calafateño, sobre otro terreno fiscal adquirido por migajas,
13) Hay mucho más. Los K vetaron el ochenta y dos por ciento móvil para los jubilados, pero dejan que el Anses le preste plata a tasas ridículas a multinacionales como Chevrolet y tantos otros grupos que aprovechan como la inflación argentina, que licua los haberes de la clase pasiva, a ellos les juega a favor y devuelven pocas monedas sobre el capital que recibieron.
14) Si vamos a su pasado, la cosa se pone aún peor. Un hombre progresista se negó a defender y presentar hábeas corpus en la Patagonia durante la dictadura militar, según confiesa el doctor Rafael Flores, quién marchaba desde Gallegos a Trelew en soledad ya que su amigo y colega Néstor no quería gastar tiempo en algo que no le dejaba ningún rédito económico.
15) En los años de plomo, ambos cónyuges jamás presentaron recursos por los detenidos desaparecidos argentinos o los exiliados chilenos, como sí hicieron abogados de la talla del doctor Aguilar Torres.
16) La única obsesión de ambos fue, gracias a la diabólica Circular 1050 de Martínez de Hoz, generar más y más dinero de los atribulados deudores hipotecarios de Finsud. El matrimonio se quedó con más de 20 casuchas de pobres tipos que no podían pagar tasas del 200 por ciento anual.
17) En los años de Videla, Viola, Galtieri y Bignone, Néstor se fotografiaba con militares de alto rango de Santa Cruz y llegó a publicar en una solicitada local que agradecía el “estado de derecho” que se vivía en el país.
18) En esos años y en plena democracia, hasta el 2003, la APDH, el CELS y los movimientos locales de los derechos humanos jamás recuerdan que Néstor y Cristina apoyaran materialmente o declarativamente la lucha que ellos llevaban adelante. Por el contrario, les negaban apoyo para que se difundieran sus mensajes en una provincia que nunca incluyó el tema del último golpe genocida como material a estudiar en las escuelas públicas o privadas.
19) A viva voz se jactaban de que hacían plata porque querían luego dedicarse a la política, Eso era la militancia: tener dinero para poder repartir y conseguir voluntades.
20) A principios de los años ochenta, irrumpían en los mitines donde llegaba el candidato presidencial Italo Lúder al son de “Isabel conducción, lo demás es traición”.
21) En los noventa, compartieron siete veces boletas con Carlos Menem a quién Néstor calificó como el mejor presidente, luego del general Perón.
22) En esos años, los dos apoyaron las reformas estructurales de Domingo Cavallo desde los palcos y en los hechos, aprobando la privatización de YPF y Gas del Estado y vendiendo luego las acciones de la provincia a Repsol de España. Si el gobernador hubiera querido, la nave insignia estatal jamás hubiera pasado a manos ibéricas, ya que se necesitaba vender el cien por ciento de los títulos.
23) El matrimonio nunca grabó el juego y, además, fomentó la ludopatía a niveles desconocidos en la historia argentina,. En provincias como Santa Fe, que nunca aprobó el juego, se torció la historia y hoy existen salas en la capital provincial, Melincué y Rosario, donde el empresario K Cristóbal López erigió el casino más grande de latinoamérica.
24) Permite una economía cada vez más cartelizada y monopolizada, Telecom y Telefónica jamás compitieron y ahora se aprobó que los españoles se queden con el manejo de la ex firma italiana. Una situación increíble.
25) Una sola empresa —Siderar— produce 99% de chapa laminada en frío y el 84% de laminada en caliente.
26) Aluar tiene el monopolio del aluminio.
27) Tres empresas concentran la venta de cemento.
28) Profertil,tiene el 77 % de la comercialización de fertilizantes
29) Aventis, el 79% de los agroquímicos.
30) En alimentos, de grave incidencia en los bolsillos de la gente, una empresa Bimbo, el 62% del pan industrial; dos, Arcor y Danone, el 73% del mercado de galletas dulces y el 77% de las saladas.
31) Sancor y Danone comercializan el 70% de la leche fluida, chocolatada y yogures.
32) Sólo 3 empresas controlan el 83% de las ventas en supermercados.
33) Durante los años kirchneristas se vendieron más de 100 grandes empresas argentinas, El 66% fueron adquiridas por capitales extranjeros.
34) En las últimas dos décadas, Brasil encabeza la compra de empresas nacionales que han pasado a extranjeros, en forma total o parcial. Son compañías de todos los rubros imaginables: telefonía, alimentos, carne, ropa, construcción, bebidas, bancos, productos agropecuarios, limpieza: Loma Negra, Paty, Quilmes, Acindar (con casi el 99% de control extranjero), Topper, Bieckert, Milkaut, Pago Fácil, Gatic.
35) Un alto porcentaje de Grobo, emblemática empresa agropecuaria, fue adquirido por grupos brasileños.
36) INBEV (Brasil) controla gran parte de las bebidas del país. Hoy tiene el 80% del mercado.
37) Brasil ha comprado también a Quickfood, fabricante de Paty.
38) En el rubro alimentos, la chilena Cencosud se quedó con Jumbo, Disco, VEA, Unicenter, Plaza VEA, Easy, Los Amigos.
39) Compañía de Cervecerías Unidas de Chile adquirió la mayoría del capital accionario de Bieckert, Imperial y Palermo.
40) Fueron vendidas Alpargatas, Gatic e Indular, las principales fábricas de zapatillas.
41) En limpieza se transfirieron las empresas que fabrican Plusbelle, el lavavajillas Cristal y el jabón El Zorro.
42) En tecnología, se vendieron CTI, Techtel y Ertach al empresario Slim, de México.
43) La americana Western Union adquirió las acciones de Pago Fácil.
44) La mayor cantidad de bancos son controlados por accionistas extranjeros.
45) El mar atlántico ha sido abandonado. Es explotado por extranjeros.
46) La minería a cielo abierto, en manos extranjeras, deja migajas y contaminación, mientras se lleva miles de millones de dólares.
47) Si sumamos los millones de hectáreas de tierras vendidas en todo el país llegamos a una superficie equivalente al territorio de la provincia de Buenos Aires.
48) ¿Es progresista haberle hecho la vida imposible a jueces probos como Javier López Biscayart, a quién le sacaron la causa Skanska en la faz penal o al doctor Manuel Garrido, quién debió renunciar por cansancio moral a la Fiscalía de Investigaciones administrativas? ¿Es de izquierda terminar con todos los controles del Estado (la AGN "muda" porque no se lo deja hablar a Leandro Despuy, su titular)? La Oficina Anticorrupción que en ocho años no entoncró un sólo corrupto. La SIGEN y la la Unidad de Información Financiera son un verdadero chiste. Mientras tanto, desde el Consejo de la magistratura, los comisarios políticos K defienden a capa y espada a jueces incalificables como Norberto Oyarbide.
49) En materia ecológica los desastres han sido inconcebibles., Santa Cruz, cuando Kirchner era gobernador, tenía siempre las mayores cuotas de capturas del país, llegando a una liquidación del langostino y la merluza que no tiene antecedentes en nuestra historia
50) Las empresas extranjeras con sus buques factorías, autorizados en los noventa, cuando la Unión Europea los desafectó por ser altamente depredadores, son amigas íntimas de los K, aunque sus dueños hayan sido prófugos de la justicia acusado de crímenes aberrantes (Alvares Cornejo y Álvarez Castellano, de Conarpesa).
51) Luego de un informe lapidario de Telenoche investiga “el hambre de mañana”, donde se denunciaba el sacrilegio que se está haciendo en nuestros mares, Néstor sólo atinó a echar al responsable de pesca, pero todo siguió igual y aún peor, ya que se cuotificó por quince años la captura, lo que significa dividir el mar entre los mismos que lo destrozaron en los últimos lustros.
52) ¿Puede ser progresista alguien que desobedece los fallos de la Corte Suprema de Justica quién le recomienda reponer en sus funciones a un procurador que investigaba los ílícitos en torno a los fondos de Santa Cruz?
53) ¿Puede ser de izquierda alguien que permitió que se vulneraran en Rio Turbio todas las normas de seguridad (no había siquiera rescatadores individuales de oxígeno) lo que motivó la peor tragedia de la minería argentina con 14 muertos?
54) ¿Puede ser un hombre con conciencia social quién dejó sin obras importantes de infraestructura a la Argentina a pesar de contar con la mayor presión tributaria de la historia, por encima del treinta por ciento del PBI, lo que significará el año próximo una suma cercana a los 120 mil millones de dólares anuales (el doble de lo que tenía Carlos Menem en los noventa)?
55) Ni siquiera pudo terminar el plan federal uno y dos de viviendas que tuvo que estar listo para el año 2007 (eran 140 mil y 300 mil viviendas, respectivamente) Hubo lugares como la Capital Federal, donde se duplicó la gente viviendo en villas de emergencia, o Rosario, que tiene el 15 por ciento de su población en asentamiento precarios que casi no recibieron unidades habitacionales. En lugar de ello, se recurre al eufemismo de “soluciones habitacionales” para computar como casas nuevas meros préstamos para refacciones.
56) En materia de autopistas no se hizo ni la mitad de lo que se anunció en el fútbol para todos,. No se terminó aún la unión de Rosario y Córdoba, a la que Menem ya le había construido Rosario-Carcaraña y Córdoba-Pilar. En casi ocho años de gestión aún están penando para finalizar la traza. No se cumplió con la autovía en la ruta 14 del Mercosur, ni en la ruta 12 mesopotámica, ni en la 11, donde murieron los chicos del Ecos, ni en la 38 de Tucumán ,que no se construyó como doble cinta asfáltica, ni en la 34 de Rosario a Rafaela, ni en la 33, de Rosario a Rufino, ni en las patagónicas 22 y 23 en Rio Negro, ni en la 3, que debía unir Comodoro con Caleta Olivia y Trelew con Madryn, Ni en Salta, ni en Jujuy, ni en la nunca comenzada autopista Cordoba-Rio Cuarto. Etc, etc.
57) En materia de trenes necesitaríamos un libro entero para contar como se estafó la credulidad inmensa de los pueblos del interior. El tren bala a Rosario, Córdoba, Mendoza y Mar del plata, el tren eléctrico a La plata, el tren rápido a Ezeiza, el tren Retiro Avellaneda, la ampliación de la red de subtes. La vuelta de los trenes al interior, Etc, etc.
58) ¿Puede existir en un gobierno progre una pobreza africana como la de la Matanza con sus cloacas a cielo abierto?, El impresentable intendente ultra K Mario Ishii sigue hablando de las obras en Jose C. Paz donde el 99 por cientos sigue sin este servicio vital para la salud. Algo parecido pasa en Malvinas Argentinas, con un 80 por ciento de déficit.
59) Hablemos un poco más de La Matanza. Más de la mitad de los habitantes del municipio más habitado del país —con una población superior a varias provincias— no tiene cloacas. El 40% tampoco tiene agua corriente y hay un policía cada mil habitantes. .Varias veces dinero que debía ir destinado a esta zona com medio millón de personas viviendo en villas de emergencia, de los 177 asentamientos irregulares del partido, terminaron como subsidios millonarios de Aerolineas Argentinas o en manos de los corruptos dirigentes de AFA que manejan el “fútbol para todos”.
60) ¿Y la planta de Berazategui, para tratamiento de efluentes cloacales se anunció decenas y decenas de veces?
61) ¿Y las obras de energía: el gasoducto de NE que nunca se hizo y se anunció ocho veces? Formosa, Chaco, Misiones y Corrientes siguen calentándose con garrafas.
62) ¿Y Yaciretá, que iba a estar terminada y nunca concluyó de una buena vez?
63) ¿Y Garabí, en Corrientes? ¿Y Chihuidos en Neuquén? ¿Y Barrancosa Condor Cliff en Santa Cruz? ¿Por qué nunca se hicieron y quedarán licitadas y adjudicadas para que el próximo gobierno se las pague a los empresarios amigos de los K?
64) Todo esto en el marco de una feroz cartelización de la obra pública, donde siempre ganan las mismas empresas de Lázaro Báez, Cristóbal López, Electroingenieria, Wagner, Relats y sus empresas fantasmas, las que hacen un minué para hacernos creer que compiten pero son una hydra de muchas cabezas que se multiplican pero un solo cuerpo, donde queda depositado siempre el efectivo.
65) ¿Puede ser progresista un tipo que se rodeó de impresentables hoy devenidos en millonarios hombres de los medios de comunicación como Rudy Ulloa y Sergio Spolski? Ambos sufrieron investigaciones penales. El primero fue investigado por tráfico de drogas y el segundo por el desfalco en el Banco Patricios.
66) ¿Puede ser progresista quién armó un multimedios K que nos cuesta centenares de millones de dólares anuales para sostener engendros que nadie quiere comprar, escuchar o ver como BAE, 7 Días, Debate, Tiempo Argentino, Radio del Plata, C5N, CN23?,
67) ¿Puede haber sido progresista quién dejó, como nadie, entrar la droga en nuestro territorio, al que se negó sistemáticamente a radarizar (apenas tenemos un diez por ciento controlado contra cien por cien de Brasil, Uruguay o Chile)?
68) ¿Puede haber sido un humanista quién nunca quiso poner scanners para detectar drogas en contenedores, barcos y camiones, como hace cualquier país serio que lucha contra este flagelo?
69) Ni que hablar de que nunca se promulgó desde el ejecutivo una ley sobre la materia aprobada por el parlamento hace dos años o, que el GAFI cuestiona permanentemente nuestra falta de vocación para luchar contra el lavado de dinero.
70) Capítulo aparte para la publicidad oficial, que pasó de cuarenta millones en el 2003 a 600 o 700 millones en la actualidad pero jamás se puso al aire un spot con campañas de prevención de la drogadicción y el narcotráfico.
71) La Argentina, según la ONU, es el país donde más jóvenes consume cocaína y el segundo en consumo de marihuana, algo que nunca había sucedido, antes de la llegada de los Kirchner al poder. Varios de estos traficantes eran aportantes del Frente para la Victoria y terminaron asesinados por sicarios de otros grupos narcos.
72) ¿Es progresista frenar el desarrollo de internet, hoy un derecho humano, porque le convenía frenar a Fibertel por su pelea con el grupo Clarín?
73) ¿Es de izquierda contratar barras bravas como verdaderos “tonton macoutes” que son premiados con viajes al mundial de fútbol por hacer sus trabajos sucios en lugares tan disímiles como el hospital Francés, la Uocra, las plataformas de Retiro por una disputa sindical, el Subte, donde también había controversias gremiales o la mismísima feria del libro? No hace falta mencionar siquiera a la asesina Unión Ferroviaria.
74) ¿Es de avanzada avasallar el Congreso Nacional manejándolo por teléfono, vaciándolo cuando la oposición puede aprobar una iniciativa, vetando leyes que salen por unanimidad, como la de glaciares, ”borocoteando” legisladores a chequera limpia o “secuestrando” senadores con la excusa de llevarlos a viajes internacionales?
75) ¿Es de “progre” desoir al grupoTechint, empresa que en el escándalo de Skanska le dijo claramente tres veces que las licitaciones que se estaban haciendo tenían fuertes sobreprecios y el estado decidió pagarlos igual, tapando luego las coimas con centenares de facturas de usinas truchas como Sol Group o Infinity group?
76) ¿Es de izquierda luego vengarse de Techint diciendo que el caso de Dean Funes fue corrupción privada, tras lo cual intervinieron Transportadora del Gas del Norte y, en un operativo de pinzas, Hugo Chávez en Venezuela les estatizó Sidor?
77) ¿Es de “buena leche” manejar a la prensa, con la pauta publicitaria, castigando al que no se doblega y premiando como a prostitutas a los obsecuentes? ¿Es de buena gente armar un ejército de “gacetilleros” y dejar sin trabajo a los más críticos?
78) ¿Se tiene conciencia social cuando se ve cómo miles de compatriotas mayores y menores de edad pernoctan en nuestras calles sin armar en ocho años un sólo plan para asistirlos. Lo que ocurre es tan inconcebible que muchos visitantes del primer mundo nos califican, con mucha razón, como una sociedad enferma con políticos que visitan a diario los restaurantes de Puerto Madero y, al mismo tiempo, dejan morir de frio y hambre a sus congéneres?
79) ¿Es de izquierda tener en el gobierno a reverendos chorros como Ricardo Jaime y Claudio Uberti?
80) ¿Es progresista pinchar teléfonos sin orden de un juez de la nación para amedrentar a los propios y a los ajenos? En la Argentina casi ningún empresario, político o periodista se anima ya a decir nada importante por celular, mail o teléfono fijo. Se concertan reuniones cara a cara por la paranoia que provoca un sistema parecido al panóptico de Foucault.
El líder de la supuesta revolución que estaríamos viviendo fue enterrado ayer en Rio Gallegos, una ciudad donde la ira de sus vecinos —tras veinte años de soportar sus arbitrariedades— lo obligó a vender su propia casa en el 2007, luego de que la defendiera con más de 700 gendarmes nacionales durante varios meses, por los estallidos sociales en su contra.
Néstor ya casi no viajaba ya a la ciudad que lo vio nacer, donde fue intendente y desde donde manejó los destinos de Santa Cruz durante tres periodos.
Pernoctó en muy pocas ocasiones en hoteles de empresarios amigos o en las casas de empresarios fieles, en forma cuasi clandestina.
La Argentina tiene, según lo que se ha visto en las últimas horas, un grave problema que va mucho más allá de lo político, lo económico y lo social.
Si Néstor Kirchner —el presidente más rico, voraz y avaro de la historia contemporánea, quién tuvo más de cien causas abiertas en su contra por todo tipo de delitos— fue el Che Guevara del siglo 21 nuestro verdadero drama es cultural y educativo.
Marcelo López Masía
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